miércoles, 22 de mayo de 2013

Trileros Una historia del Tubo.


                                      
Hubo un tiempo en que desde los balcones del  edificio que habitábamos , que no era otro que el restaurante Casa Lac, en el tubo zaragozano, se podían contemplar  sobre todo en las mañanas de Sábado y de Domingo escenas de película. .
 Gran parte del Tubo era y sigue siendo peatonal y justo donde nosotros vivíamos la calle Mártires iba a morir en la calle Cuatro de Agosto. Las dos calles juntas hacían la forma de una “T” ,  y cada uno de los ramales,de la parte de arriba de la "T", es decir la calle Cuatro de Agosto, llevaba a un pequeño laberinto de callejuelas ideales para escapar de la policía.
Las mañanas de sábado comenzaban inexorablemente con los tremendos gritos de “La Fina” que vendía lotería y tabaco de estraperlo. Todavía cuando veo en las noticias que  aprehenden algún alijo de tabaco de contrabando en algún puerto español no puedo evitar pensar “Pobre Fina, ya se ha quedado otra vez sin suministro”.
  La Fina no hacía honor a su nombre, mi padre decía que iba vestida “Como un filibustero” Juraba como un corsario y en verano con el cartón, de algún cartón de tabaco plegado, se abanicaba los bajos,por debajo de las faldas sin el más mínimo pudor diciendo a voz en grito ¡Ayyyy quuuue calooor..Queeee caloooor! como si estuviera viviendo un verano por primera vez
 Como digo, La Fina no hacía honor a su nombre, pero tampoco era culpa suya que se lo hubieran cambiado, pues su verdadero nombre era Herminia. Lo de Fina le venía de su marido, que se llamaba Serafín y de Serafín serafina y de Serafina...Fina.  Yo no conocí a su marido, ni supe que había sido de él. Por allí estaba el Juan, un homosexual declarado que tenía mucha gracia, cada vez que mi tío Rafa  pasaba por delante del puesto, cosa que ocurría todos los días porque durante varios años trabajó de “Jefe de Compras” en nuestro restaurante el Juan le decía “Rafaeeeelll..algún día serás míiiio” a lo que el contestaba...”Donde haya una buena mujer Juan..” y él Juan“Si, siii, una buena mujer...¡Pero con un buen Rabo!” Estallaba en una tremenda risotada y así acababa de nuevo la conversación que casi podía considerarse un ritual diario.
La Fina había criado a varios niños que no eran suyos. Años atrás, las coristas que pasaban por el Plata, se iban de gira, le dejaban al crío a su cargo y ya no volvían. Cuando yo llegué al tubo, le ayudaba uno de sus hijastros a abrir el puesto callejero que ponía, primero al lado Del Plata y cuando comenzaron las obras del Tubo y del propio Plata, en la fachada de Casa Lac. 
Recuerdo que en el tiempo en el que  vivimos  allí le dejaron en dos ocasiones diferentes dos bebés. Ella llamó a la policía y por lo menos en una ocasión detuvieron a la madre por abandono de un menor. 
Más adelante, unos diez años después, tuvo a su cargo a un chaval que se llamaba Mario, que la llevaba  a la pobre por la calle de la amargura, porque al contrario que sus hijastros, no le hacía ni caso y la pobre andaba a todas horas a gritos por el barrio para que le ayudara.
 Del chico, ya bastante crecido, pues tendría entre diecisiete y veinte años se decía que era el hijo de algún “proveedor”  de la Fina y que teniéndole a su cargo le estaba devolviendo algún favor. Al Mario  le detuvieron por robar un Pony de una feria. La policía encontró al pobre animal en el maletero de su coche y no se si sobrevivió a aquel maltrato.
Un poco más tarde, como a las once de la mañana, los de la tienda de discos de enfrente, ponían a todo volumen, con unos altavoces que tenían en la calle (pero no en el interior de la tienda)  el éxito del momento. Aquello era terrorífico  porque te obligaban a escuchar, quisieras o no, por ejemplo un disco de cuatro canciones de Laura Pausini durante todo el día.
Este era el ambiente que, mezclado con el bullicio del personal y el olor a bocadillo de calamares, (Nunca he entendido como este sabroso bocadillo podía ser “Típico” de Zaragoza) que se respiraba cuando a eso de las doce del medio día, se presentaban los trileros y se ponían a trapichear, justo debajo de nuestro balcón, sobre una caja de cartón que usaban como mesa. Daba igual si el timo lo realizaban con cartas o con tres cubiletes y una bolita de miga de pan, que escondían hábilmente en una uña, que se habían dejado larga a tal efecto, para esconder la bolita allí en el momento cumbre del timo. La escena final siempre era la misma, hombres timados llorando, gritando por haber perdido todo el sueldo y gritando ¡Que le voy a decir yo a mi mujer!... yo mismo vi como algunos de los timadores acompañaban al pobre pardillo al cajero para seguir perdiendo. Una vez un hombre intentó “Suicidarse “ golpeándose la cabeza él mismo contra la fachada de mármol de casa Lac mientras gritaba ¡Que me quiero matar! ¡Que me quiero matar!.
 Otras veces algún trilero apostado al principio de alguna de las tres calles que confluían en nuestra esquina gritaba ¡ Agua!  y esta era la señal para huir, si asomaba por allí el morrro la policía.
 Cuando algún pardillo descubría el timo a tiempo, simplemente le empujaban entre los cuatro o cinco  trileros que formaban la banda y dejándole maltrecho en el suelo, corrían con el dinero, cada uno en una dirección,hasta quedar fuera de su alcance.
 Yo veía todo aquello y más de una vez llamé a la policía, pero por lo visto, la policía poco podía hacer...
Aquella situación comenzó a deteriorar la convivencia y a afectar e los comercios,  a los bares y a los restaurantes, porque, además del ambiente insano y de los números que se organizaban, los pobres timados cuando llegaban a sus casas no decían “Me han timado como a un tonto en el Tubo” lo que tampoco habría dado buen a prensa al barrio, si no que decían “Me han robado en el Tubo” así que, la asociación de comerciantes del barrio tomó cartas en el asunto, decidió ir a la policía como colectivo y se comenzó a presionar... comenzaron a aparecer por nuestro bar dos policías “secretos” que daban más miedo todavía que los propios trileros porque estos estaban todo el día tomando cañas ( Y yo creo que algo más) y llevaban con muy poca discreción las tremendas pistolas y su condición de maderos. De hecho, yo que era un crío me enteré el primer día que los vi de que eran de “La secreta”.
No se que “gestiones “ realizarían estos dos matones o si la cosa se haría de forma limpia por otros medios, pero el caso es que al cabo de unas semanas, los trileros desaparecieron del mapa, aunque por lo que luego ocurrió, con muchas ganas de vengarse del barrio.
El horrible suceso ocurrió una noche en la que mi padre, afortunadamente, en vez de cerrar solo y de recorrer la calle Mártires solo, como hacía tantas noches,  para volver  a casa, salió con varios camareros que se habían retrasado terminando alguna cosa, o montando alguna mesa para el día siguiente.
 El hecho es que aquella noche los trileros andaban acechando para llevarse a alguien por delante...la mala suerte le tocó al dueño del bar “Los Amigos”, un pequeño negocio familiar. Ya habían cerrado el bar los de "Los amigos" y ya estaban unas calles más allá él, su mujer y su hijo, cuando  aquel señor se acordó de que se había dejado la freidora encendida, o por lo menos dudó de haberla dejado encendida o apagada, así que, ante la duda, volvió para asegurarse y allí lo mataron sin más, de una puñalada.
Siempre pienso que a los trileros, que lo que querían era dar una lección al bario, por haberles echado de allí, les hubiera dado igual matar a cualquier otro .
  No se llevaron nada, el móvil no fué el robo si no la venganza así que , les hubiera dado igual matar a mi padre si hubieran tenido la oportunidad. Al muerto no le quitaron las llaves, ni el dinero, fue solo pura maldad.
De la Fina me enteré hace poco por los periódicos de que había sido acusada de vender tabaco de contrabando. Después de llevar toda la vida saliendo adelante y ayudando a otras personas en la puta calle...
Por lo visto, y siempre según dijeron los periódicos, un conocido  suyo traía un cargamento de tabaco en una furgoneta desde el centro de Europa. Iba muy rápido y le paró la policía, él ni corto ni perezoso, le dijo a los agentes que aquello era para la Fina de El Tubo. Debió pensar que  que siendo La Fina  una institución lo podía decir como lo más natural del mundo, que ni siquiera era necesario hacer la vista gorda..pero no era el asunto tan fácil....no se como acabará la cosa...espero que bien.

7 comentarios:

  1. Interesantes historias del 'submundo del Tubo' en Zaragoza. Mis recuerdos de la famosa calle se remontan a mi adolescencia cuando íbamos a una tienda diminuta a 'comprar preservativos' .... que nunca comprábamos ... y aún en el caso de haberlo hecho nunca los usaríamos. Pero así nuestra mente volaba a paraísos nunca probados -vivía Franco todavía- así que comprenderás nuestra impaciencia y nuestros miedos.
    ¿ Cómo se llamaba ese negocio único en la ciudad que se dedicaba en exclusiva a la venta de 'profilácticos' ?

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    1. El establecimiento se llamaba "Ortopedia La Francesa" Alberto y cuando nos marchamos de allí creo que todavía funcionaba.

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  2. GRACIAS POR RECORDAR LO QUE DE VERDAD FUE EL TUBO Y A LOS QUE VIVIAN O TENIAN SU VIDA ALLI, YO TAMBIEN RECUERDO CON MUCHO CARIÑO LA SEMANA DE VACACIOEN QUE ME PEGABA AYUDANDO A MI ABUELA SERAFINA Y LO RARO Y MARAVILLOSO QUE ME PARECIA ESE MUNDO DEL PLATA, LOS HOMOSEXUALES, LOS TRILEROS LOS HIJASTROS COMO TU LOS LLAMAS DE MI ABUELICA Y MUCHAS COSAS MAS. GRACIAS DE CORAZON POR NO OLVIDAR A MI ABUELA.

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  3. Ana Isabel tu abuela es un personaje inolvidable gracias a ti y a ella que se portó tan bien con nosotros. Cuantas veces nos avisaba de cosas nos recogía el correo....
    Un abrazo.

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  4. Soy el hijo de Ricardo, hermano de Miguel Morales Embid que fue asesinado en las calles del tubo una lluviosa noche de las fiestas del Pilar.
    Mi tío, si te hubieras informado lo sabrías, era soltero. No tenía hijos.
    Hasta ahí, es un pequeño y disculpable error.
    No fue asesinado por los trileros, como comprenderás tuve acceso a los informes policiales, y supe quién fue el asesino. El asesino fue un presidiario con permiso fin de semana sin ninguna relación, hubo testigos que declararon contra él. Los trileros continuaron en el barrio durante un par de años más, y lo sé porque yo trabaje en el bar durante siete años después de fallecer Miguel.
    Cuando se hacen afirmaciones como las que haces, lo mejor es estar bien informado y no hablar a la ligera de lo que yo creo o lo que a mí me dijeron.

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    1. Buenas Ricardo, hace mucho que no escribo en el blog y hoy he visto tu comentario. Ante todo siento mucho el malentendido y como comprenderás no pretendía molestar ni ofender a nadie.
      Yo era un crío cuando aquello sucedió y si que sufrí las consecuencias de la estancia de los trileros en el barrio puesto que yo trabajé en Casa lac, casi pared con pared con vuestro negocio desde el año 1985 al 2003 (al principio los fines de semana y después a jornada completa) y viví en Casa Lac los últimos seis o seis años así que yo no hablo "de oídas" sino que yo lo viví y de hecho siempre hemos pensado que si mi padre aquel día hubiera salido más tarde le hubiera tocado a él.
      Yo manejo la información que yo tenía y que es la que todo el mundo creyó en su momento y como comprenderás yo no he tenido acceso a los informes policiales.
      De todas formas yo he realizado una versión novelada de mis recuerdos y esto no pretendía ser ningún escrito documental.
      Te agradezco tu información y si tu me autorizas a ello volveré a publicar el post aclarando lo sucedido y si te parece bien copiando tu comentario para que no queden dudas
      Sin más y sintiéndolo mucho de nuevo me despido.
      Quique Artiach.

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