sábado, 31 de agosto de 2013

El día que lo pierdes todo.

El día que lo pierdes todo no lo pierdes todo, eso es imposible: toda moneda tiene al menos dos caras.

Pierdes, eso es cierto, al amigo que no se entera de tu pérdida y lo tratas dentro de tus pensamientosde insensible, aunque no le digas nada porque sabes que en el fondo nunca estuvo en tu lugar ni en ninguna otra parte que mereciera la pena ser vivida.

El día que lo pierdes todo recuperan su pasión y su angustia, las viejas canciones y la noche entera, todo su insomnio.

El día que lo pierdes todo recuperas la razón y ella a su vez recupera su tristeza y su rabia, que son la antesala de la fuerza que necesitas para seguir adelante.

El día que lo pierdes todo pierdes también el respeto por tus enemigos: a veces una pérdida es una gran ganancia.

Recuperas el cuerpo, que es lo único que siempre te queda y también recuperas, cómo no, tu dignidad y tu orgullo.

Descubres que puedes seguir escribiendo en las situaciones más adversas pero, sobre todo, el día que lo pierdes todo ganas el conocer en un solo instante la medida exacta de todas las cosas, de la gente y de la grandeza de algunos de los que te rodean.

viernes, 30 de agosto de 2013

la carta

Todo los días a las dos y media, después de comer solo, dirijo mis pasos hacia el café “las Glorias”. Nunca he dormido mucho por la noche, no me hace falta dormir mucho, así que a temporadas cambio la siesta por un rato de lectura. 
Hace unos meses comenzó a ir por allí una chica como de unos dieciocho años bastante guapa, que a esa hora se ponía en una mesa desde donde los dos podíamos vernos sin molestarnos y sacaba un cuaderno bueno, de esos que llevan una goma para cerrar las tapas, y allí pasábamos unas horas los dos casi solos, ella escribiendo y yo leyendo.

jueves, 29 de agosto de 2013

Cierra los ojos.

Cuando ya llevaba diez años de terapia la psicóloga me dijo:
—Quique, cuando viniste aquí hace ya diez años estabas muy deteriorado por todas tus vivencias. Hemos trabajado mucho y estoy orgullosa de cómo has trabajado, porque ha sido muy duro.
—Muchas gracias, E.— dije yo.
Esta psicóloga, como muchos otros profesionales de la psicología clínica, utiliza una técnica conocida como E. M. D. R. Ella lo explicaría mejor pero es algo así como estimular el cerebro a través del movimiento de los ojos. Por medio de unas técnicas se simula el movimiento que hacen los ojos cuando dormimos para poder, estando plenamente conscientes, acceder a imágenes mentales y contenidos que están almacenados en el cerebro. Las imágenes van viniendo y el paciente, con la ayuda del terapeuta, va reorganizando todos esos pensamientos, recuerdos y sensaciones.

martes, 27 de agosto de 2013

La iglesia.

   Sueño que estoy en una gran catedral con Anabel. Estamos guardando fila para ver al Papa. Esto es muy raro porque ninguno de los dos somos aficionados a estas cosas, pero estamos los primeros e incluso hay unas personas que intentan colarse y nosotros marcando nuestro territorio se lo impedimos. La fila está organizada como digo dentro de una gran catedral toda de mármol y hay un reclinatorio que hace de barrera para que la gente sepa que de ahí no puede pasar. Las diferentes personas que esperan no se empujan hay espacio entre unos y otros. Aparecen dos personajes vestidos con casullas blancas y tiaras y estolas rojas, pasan por delante de nosotros y por delante del reclinatorio y, según pasan, uno de ellos dice:

lunes, 26 de agosto de 2013

Los Libros

Si no fuera por la música y sobre todo por los libros yo estaría muerto.
Tengo como todo el mundo un vacío dentro del pecho, pero en mi caso, por mis vivencias o por la razón que sea, este agujero es algo más grande y además está vivo.
Este ser vivo está lleno de una soledad y de una tristeza inconmovibles. Su metabolismo es extraño: si no le doy algo con lo que entretenerse, algo de música o de lectura, comienza a crecer en todas direcciones hacia fuera, como un animal salvaje que presiona mis pulmones y se retuerce con todas sus fuerzas asfixiándome con su soledad y con su tristeza. En esos momentos creo que voy a morirme de pena.
Cuando lo entretengo, cuando encuentro un buen libro, se calma por un momento, su tamaño se reduce y hasta a veces parece que ya no está aunque produce un ruido sordo, un ronroneo que nunca desaparece por completo para que yo sepa que está allí.

sábado, 24 de agosto de 2013

El chico del desierto

           Estos días he recordado que hace años vino a la tienda un niño muy moreno, de unos ocho años  de ojos grandes y negros y de  grandes rizos también negros con unos adultos. No se si eran familiares o padres de acogida pero me inclino por esto último.

jueves, 22 de agosto de 2013

Zapatos nuevos zapatos viejos

Zapatos nuevos zapatos viejos

Me sorprendo mirando zapatos de verano delante de varios escaparates, pero lo cierto es que si lo pienso tengo varios pares que, aunque no son nuevos, tampoco están mal. Pienso en qué es lo que se esconde tras esta pequeña compulsión. Está claro que la sociedad te impulsa al consumo, que los escaparates son atractivos, pero también creo que las personas son en general inteligentes y conocen las estrategias del mercado, así que tiene que haber una razón más profunda.

miércoles, 21 de agosto de 2013

La maleta

Lo mejor es que nos separemos, me estás maltratando.
                    Tienes razón. No te estoy tratando bien. 
                    -Yo estoy a punto de explotar. Cuando llego a casa y tú ya estás dormida me gustaría poder dormir en el sofá, pero es tan pequeño que no quepo y cuando me meto en la cama contigo tengo ataques de ansiedad y de pánico, ya sabes que yo jamás te haría daño, ni siquiera te levantaría la mano, pero me estás tratando tan mal y me siento tan humillado y enfadado que cuando me meto a la cama contigo me da miedo matarte estando dormido sin darme cuenta y, aunque sé que eso solo pasa en las películas, me duermo todos los días aterrado.

martes, 20 de agosto de 2013

las cabezas comunicantes



Juan siempre había vivido en el pueblo. Fue viendo con envidia cómo todos sus amigos se marchaban a la capital, primero a estudiar y después a buscar trabajo y a formar una familia. También vio con gran tristeza cómo se marchaba María, su primer amor de la infancia y de la adolescencia, ya casada con su amigo Diego. Aquello fue un golpe duro que le agrió el carácter durante años. Pero a pesar de todo aquello, allí se quedó en la vieja casa de su padre, un caserón enorme con un pasillo cerrada lleno de habitaciones cerradas desde siempre. Juan recordaba nítidamente la única vez que había estado en el pasillo de las habitaciones cerradas. Era verano, él venía de la calle, había mucha gente en la casa, algo grave había ocurrido porque los mayores apenas le saludaban. Vio cómo bajaban por las escaleras un bulto enorme envuelto en sábanas blancas. A pesar de tener solo diez años se dio cuenta de que aquello era un cadáver.

lunes, 19 de agosto de 2013

Los abuelos del bar

         Es domingo por la mañana y estoy esperando a los demás músicos del grupo. Tenemos una grabación. Es el segundo y último día y ya está grabado lo más importante. Me he despertado algo antes de que sonara el despertador y he decidido ir un poco antes al bar para tomar un café tranquilo y leer un poco, aunque sea diez minutos.

La mudanza


            Él había llevado a la casa que iba a ser de los dos algunos muebles.
            Se separaron.
            Un día, acompañado por su hermana va a la casa de su ex. Ella ha preparado todo lo que no quiere. Lo que no quiere es todo.
            Los hermanos descubren que entre una de las cajas de cosas asoma un bote de Nescafé. No lo recordaba. Ella tomaba café de cafetera y el Nescafé, por tanto, era suyo.

            No tienen coche ni saben conducir. Harán la mudanza de las cosas pequeñas en un taxi grande. Ya han quedado en esto con un taxista. Por fin aparece el taxi, que es como los de Londres y esa mañana en Zaragoza hacen dos viajes cargados hasta los topes en el taxi “de Londres”.

miércoles, 14 de agosto de 2013

El cuerpo.

Después del agotador día a día solo queda el cuerpo. Puedo asegurarte que solo el cansancio te hará libre de tus miedos. Llegará un día en que estarás tan cansado que lo que vaya a pasar al día siguiente, por malo que sea, no te importará y solo te dirás medio en sueños “eso de mañana, será mañana. Ahora, en este preciso momento, nadie va a molestarme”. Después de la risa o el llanto también solo queda el cuerpo.

Al preso en su cárcel física o mental solo le queda el cuerpo, para lo malo y también para lo bueno. Para sentir el placer de respirar, del descanso, del frugal plato en la mesa, el placer de la piel, sea donde sea que este se produzca.
Al final solo nos queda el cuerpo. Por más objetos que tengamos, que nos den o que nos quiten, al final solo queda el cuerpo, así es y así debería haber sido siempre.

martes, 13 de agosto de 2013

El Parto

         Tiene veintiún años y rechaza la anestesia. Quiere parir “como una verdadera mujer”. El bebé viene de nalgas, lo mismo no quiere salir porque de alguna forma intuye la tristeza que le espera, que no es otra que la que le envuelve.

viernes, 9 de agosto de 2013

Peleas

Nunca me peleé por gusto, aunque si me hubiera gustado más la violencia seguramente me habría ido mejor.
Simplemente me defendía cuando ya no quedaba más remedio que defenderse a golpes. Al cabo de los años me di cuenta de lo productivas que habían sido esas peleas, esos golpes o esas encerronas que le preparaba a los chulitos del grupo cuando no estaban en grupo.

jueves, 8 de agosto de 2013

El R12

Todos los días iba a caminar a un parque cercano y, aunque siempre veía las mismas cosas, las mismas caras, nunca se aburría de hacer el mismo trayecto porque mientras andaba le gustaba ir descubriendo los pequeños detalles que cambiaban.
Todo el barrio iba cambiando poco a poco, eran cambios sutiles pero reforzaban su sensación de estar vivo. La bicicleta que asomaba una rueda por el balcón de un primer piso ya no estaba, la pintada de “zona roja” que había estado al principio de la calle durante años había sido eliminada con otra capa de pintura, la chica de la gasolinera tampoco estaba o la habían despedido por fumar detrás de la garita o la habían cambiado de turno, porque él hacía semanas que ya no la veía. Ese control de los cambios, el saber que había un orden en el que todo cambiaba le daba una sensación de poder sobre su entorno cercano que había llegado a necesitar más que sus paseos matutinos.

martes, 6 de agosto de 2013

Ida y vuelta a San Blas

Teníamos dieciocho años. Acababa de romper con una novia y no tenía ganas de nada. Un amigo intentaba animarme con un plan que ya desde el principio se veía que era absurdo:
—Quique, tengo una novieta estupenda, la tienes que conocer.
—No me apetece conocer a nadie, David, de verdad.
—Mira, tiene una prima. El sábado ellas se van a su pueblo, nos vamos con ellas en el autobús, yo me enrollo con mi novia y tú con su prima.
—Pero hombre, eso será si la prima quiere y además, a mí tampoco me apetece. Oye David —continué—, ¿tú sabes que las demás personas pueden tener también sus gustos y sus planes? Lo digo por la prima de tu novia. Lo mismo tiene novio, o le gusta uno de su pueblo o de por ahí, o yo no le gusto, ¿sabes?
—Bueno, bueno, cómo te pones. Me doy cuenta, hombre, pero era por animarte.
Al ver que yo no cedía cambió de estrategia:
—Me tienes que acompañar, por favor. Es que allí estará su familia rondando y me da mucha vergüenza ir solo.
Al final accedí. No tenía nada que perder, pensé.

viernes, 2 de agosto de 2013

Viaje a ninguna parte

Me subo a un autobús para ir a un pueblo cercano a Zaragoza. Es un trayecto que hago dos veces por semana, así que las cosas suceden más o menos igual con ligeras diferencias.
Lo primero que hace la conductora algunas veces cuando llega es dejar el autobús cerrado, dejándonos a todos en la calle, haga frío o calor, e irse al bar que hay junto a la parada. Unas veces nos dice que va a tomarse un café y otras nos anuncia que va “a mear”. Cuando alguna abuela que ya la conoce le dice “Menganita, chica di: voy al baño o a hacer pis”, ella contesta “pues si voy a mear pues a mear voy”. Cada cual, por supuesto, es muy libre.

jueves, 1 de agosto de 2013

La gente que llevo dentro

Cuando la gente viene a nuestra juguetería y me dice “es que yo tengo una niña dentro” yo les respondo “yo llevo varios dentro y tengo un follón en la cabeza que no vea”.
Y aunque lo digo en broma esa es en realidad la verdad. Tengo localizados tres pequeños Quiques de menos de diez años, un preadolescente, dos que tienen entre los trece y los veinte, dos veinteañeros, un Quique de treinta y tantos más el de cuarenta que es Quique actual. Somos nueve Quiques en mi cabeza. Solo espero que en el futuro solo se me acumule uno por década.
Normalmente algunos no aparecen nunca salvo cuando les molesta algo y casi siempre estoy solo yo, el de cuarenta.