viernes, 29 de noviembre de 2013

la paloma

Esta mañana, yendo a una entrevista de trabajo, he visto una paloma muerta en la acera. Al lado había una señora que empujaba el carrito de una niña. La niña lloraba y lloraba y la abuela, para que se callara, le ha dicho: «Mira, mira, una paloma muerta. ¿La ves? La ha atropellado un coche y ahora está muerta».
La niña, más confundida que impresionada ha dejado de llorar.
No sé qué moraleja se puede extraer de esta frase que la abuela le ha dicho a la niña, pero al mirar a la pobre paloma muerta con restos de sangre en la cabeza he pensado que seguramente este había sido el primer contacto con la muerte de la pequeña.

No tenemos ni idea de lo que es la muerte pero, para esa niña, la muerte siempre será una paloma ensangrentada que murió por cruzar mal la calzada. Aunque la niña olvide este momento, este recuerdo se quedará allí escondido en su cabeza y eso ya no se puede cambiar.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Sueño

Últimamente tengo un sueño que se repite y es hermoso. Estoy sentado en medio del campo en una roca. La hierba está alta, luce un sol cálido y claro. Estoy en paz.
Una antigua amiga sale del bosque, se acerca caminando serenamente, se sienta justo detrás de mí envolviéndome con sus brazos y con sus piernas y me atrae hacia ella maternalmente, para que pueda descansar apoyando la espalda en su cuerpo.

Nada más y con eso es suficiente.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Escribiendo un sábado por la noche

Es sábado por la noche y estoy aquí, en un bar, escribiendo, trabajando. Me siento un yonqui de la escritura gastando tinta y papel, esperando a que mágicamente salga algo de la pluma, algo procedente de mi cerebro.
Los niños corren histéricos, como enloquecidos, las abuelas chillan. Yo me pongo los auriculares y rezo para que Tom Waits siga sonando. Que no se me acabe la batería es lo único que deseo, como el fugitivo espera llegar a la siguiente gasolinera con el depósito en la reserva.

lunes, 25 de noviembre de 2013

La señora del caballo

Hace tiempo, en la Calle Mártires, había una señora con poco pelo a la que por alguna razón le gustaba meter gallinas vivas en el pequeño escaparate de la relojería que regentaba. En la calle Osaú tenía también un pequeño almacén. Se trataba de uno de los cuatro o cinco locales que algún genio había dejado construir adosados a la Iglesia de San Gil. Eran casi casetas que afeaban el lateral de la Iglesia y su torre Mudéjar.

viernes, 22 de noviembre de 2013

la estufa

Un niño intenta dormir en una noche heladora. Está en la cama vestido y con el abrigo puesto, pero su cuerpo no genera suficiente calor como para que su ropa le caliente. El suelo del cuarto está lleno de suciedad y polvo, de cartones, de trapos, de ropa sucia, de camas y de un sinfín de objetos, algunos de ellos indescriptibles. Otros seres humanos, su familia, duermen vencidos por el agotamiento.

martes, 19 de noviembre de 2013

El salto

Vuelvo a casa caminando y ya a lo lejos veo que la policía ha cortado la calle. También hay una ambulancia y un cuerpo medio tapado bajo una manta en el medio de la calzada. Está a la altura del portal de al lado. Algo impresionado paso de largo y subo a casa. Mi mujer me cuenta que una chica se ha tirado desde el quinto piso. La ha oído caer cuando estaba llegando a casa y ha ido a socorrerla junto con otras personas. Ha sido terrible. Pronto ha venido la ambulancia con los sanitarios que, después de darles las gracias, les han dicho que se marcharan. Ya se ocupaban ellos. Mi mujer está afectada como no podía ser de otra manera.
La ambulancia y la policía no se mueven durante mucho rato y no sabemos si la chica está muerta y están esperando a que llegue un juez a levantar el cadáver o a un médico para que certifique la muerte, si está agonizando o si se ha salvado. La damos por muerta porque pensamos que si estuviera con vida la habrían llevado a toda prisa a un hospital.

lunes, 18 de noviembre de 2013

El niño que viajaba

Cogemos un coche. Hace años que no viajaba en coche y al ver el movimiento de los cables del tendido eléctrico me conecto con aquel niño que fui, aquel que viajaba sin cinturón de seguridad tirado en el asiento de atrás, mareándose, intentando dormirse, vomitando en las cunetas y preguntando “¿cuánto falta?”. Lo miro atentamente. Con una gran ternura me acerco a él y le digo:

—Hola. Ya sé todo lo desagradable que pasaba en los viajes, pero dime, ¿cuál es el recuerdo más bonito que guardas de aquel 127 azul marino en el que pasaste tantas horas?

jueves, 14 de noviembre de 2013

Los fiambres.

Cuando vives en una calle con algunos vecinos ruidosos muchas veces te gustaría que dejaran de gritar. Da igual que se cambien de barrio o que les atropelle un camión. Lo que sea con tal de tener algo de silencio.
Nuestros vecinos de la casa de enfrente eran así.
Como no sabemos sus nombres y tampoco nos apetece mucho acercarnos a ellos amigablemente para establecer una cordial relación de amistad, cada uno tiene su mote.
El “Tus muertos” tiene ese nombre porque el día que aterrizó en la casa de la que suponemos era su señora lo hizo gritando “¡Tus muertos!”. Prácticamente era lo único que gritaba o al menos lo único que se le entendía de todo lo que gritaba. La misma noche que llegó destrozó con un martillo el cristal de la puerta de su propio portal para que corriera un poco de aire en su nuevo hogar, que era un bajo. Después de aquella aparición triunfal el hombre se serenó y la verdad es que ya solo gritaba “Tus muertos” cuando le azuzaba su mujer.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Pelando patatas

Hemos cerrado la tienda y de momento no tengo trabajo. Es domingo, mientras tomo un café en una terraza me llama un amigo. Este amigo inauguró un bar hace una semana y fuimos a la fiesta que dio aquel día, por lo visto les ha fallado una camarera. “¿Que si puedo quedar para habar con él? Claro que sí. ¿Qué si puedo entrar a trabajar dentro de una hora? Por supuesto”. Me voy a casa a recoger algunas cosas y me dirijo al bar. Como lo acaban de abrir justo antes de las fiestas del Pilar apenas han tenido tiempo de preparar tapas y las van haciendo casi sobre la marcha. Gabi, que así se llama mi amigo, me presenta a Lucía, la camarera y a Alex, su socio, que además es también el cocinero. 
Es Alex el que necesita más ayuda, así que una vez que ya nos conocemos me lleva a un office (en español “antecocina”) y me sitúa delante de un saco de patatas. A mí siempre me han gustado este tipo de trabajos manuales que requieren la participación de una parte del cerebro, que lo aquietan por medio de los movimientos repetitivos y que dejan la mente ya relajada dispuesta a un tipo de pensamiento sereno.
Desde mi cubículo oigo partes de conversaciones mezcladas con risas, gritos y con la bocina que mis nuevos compañeros tocan cuando alguien deja “boooote”, a lo que sigue un “Que nos vamos a Cubaaa” que recitan con guasa una y otra vez.
Las voces me transportan a momentos de mi vida en los que he estado adormilado. Me recuerdan las voces que escuchaba a lo lejos cuando estuve en coma, pero sobre todo me dejan tiempo para estar tranquilo.
Yo pelo patatas y las voy cortando unas veces cuadradas para las bravas y otras en lonchas finas para hacer huevos rotos. Pelo, corto, pelo, corto y me siento por fin en paz.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Son curiosos los sueños

Son curiosos los sueños. Hace unos diez años, cuando cogía un libro en un sueño e intentaba leerlo, al poco tiempo me despertaba. El sueño se volvía tan incoherente que acababa por darme cuenta de que estaba soñando. Simplemente el cerebro era incapaz de inventarse un libro sobre la marcha, mientras intentaba leerlo en sueños.