sábado, 28 de junio de 2014

Morir en invierno

Prefiero morir en invierno, como creo que hace la gran mayoría de los otros seres vivos.
Entonces, cuando esto ocurra, no te preocupes si no te queda nada para darme pues siempre tendrás al menos unas palabras.

Si no tienes nada más no te apures, pues ya solo eso puedes darme y solo eso necesito para poder marcharme con ellas en medio del viento.

viernes, 20 de junio de 2014

Nosotros mismos

Voy por la calle y veo a una chica que rectifica un poco su paso para poder caminar frente a la luna de un escaparate. Entonces me doy cuenta de que todos nosotros, en todo lo que vemos, hacemos, decimos, oímos o compramos, solo queremos en realidad vernos a nosotros mismos.
No lo hacemos solo por vanidad, esto no es una crítica, solo estamos buscándonos a nosotros mismos. Nos hemos perdido en algún lugar de nuestro interior donde, al buscar y rebuscar, solo encontramos una sombra: nuestra imagen idealizada e irreal de lo que nos gustaría ser.
Para intentar conjurar este autoengaño nos seguimos buscando en cualquier parte, incluso en las lunas de los escaparates.

Necesitamos saber que al menos físicamente todavía estamos por aquí.

lunes, 16 de junio de 2014

Sentado con mi Yo de ochenta años

Me siento en el jardín de la residencia. Tengo ochenta años y me encuentro bastante bien.
Junto a mí mismo me siento yo a charlar, es decir, junto a mi yo de ochenta años está mi “yo” actual, de cuarenta y uno.
Me alegro de ver que sigo tomando café, de que sigo teniendo un libro cerca y de que tengo una gran barba blanca. Ojalá la tuviera ya, pienso.
Le veo, a mi anciano, y creo que nos parecemos bastante aunque noto que él me mira con ojos irónicos porque, como es lógico, sabe perfectamente lo que estoy pensando, puesto que ya lo pensó en su día, en un día como hoy o, para ser más exactos, justo en el día de hoy.

viernes, 13 de junio de 2014

Pánico

Es muy difícil saber lo que es el verdadero miedo, el pánico, si no lo has sentido por ti mismo e igualmente es imposible transmitir este estado a cualquiera que no lo haya vivido en alguna ocasión. Esta imposibilidad de comunicarnos profundamente sucede porque, según dicen los psicólogos y los neurocientíficos, el cerebro no puede conocer algo que no conoce ya, que no haya visto, oído o sentido antes.
Por eso es necesaria la educación y tantos y tantos años de repeticiones y repeticiones de las mismas cosas, para que nuestros cerebros puedan por fin llenarse de algunas cosas (tampoco muchas).
Así que si no has sentido alguna vez el miedo entenderás, de la siguiente descripción, solo lo que relaciones con tu propia experiencia.